Un puente que tiende China al mundo

Datos de principios del 2015 indican que la matrícula global en los institutos Confucio de La­tinoamérica y el Caribe asciende a alrededor de 50 000 estudiantes

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Más de 3 000 personas han pasado por las aulas del Instituto Confucio de La Habana. Foto: Cortesía del entrevistado

La enseñanza de la lengua china en Cuba data de decenas de años atrás. Parte de los propios conocimientos que los inmigrantes de esa nación asiática, convertidos ya en padres de familia, transmitieron a sus hijos, y estos sucesivamente a los suyos.

Dado que la mayoría de esas personas llegaron a suelo cubano provenientes de la sureña provincia de Quandong, el chino que se ha­bló durante muchos años en el archipiélago fue el cantonés.

Datos disponibles en bibliotecas públicas señalan que, con independencia de que algún que otro free lance se dedicara a la enseñanza del chino, fue hacia finales de la década del 60 del siglo pasado que institucionalmente iniciaron los estudios de chino mandarín —la lengua oficial de China— en La Habana, en el ins­tituto de nivel medio superior Máximo Gor­ki, que se dedicaba a la enseñanza de lenguas extranjeras.

En la década de los 70 y principios de los 80 también se impartió chino mandarín en la escuela de idiomas de nivel medio Abraham Lin­coln, subordinada al Ministerio de Edu­ca­ción de Cuba, y en el Instituto Superior Pe­da­gó­gico de Lenguas Extranjeras de La Habana Pa­blo Lafargue.

Aunque luego se abrieron otros cursos es­porádicos de menor alcance, no fue hasta el año 2010 que se comenzó a impartir clases de esta lengua milenaria con más fuerza y en una academia especializada.

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Arsenio Alemán, director ejecutivo del Instituto Confucio de La Habana.

“En el año 2006 los gobiernos de Cuba y Chi­­­na acuerdan crear un Instituto Confucio ads­crito a la Universidad de La Habana, du­rante la visita al país de la consejera de Estado chi­na, Zhen Zili. Se firma el acuerdo entre la Ofi­cina Nacional de la Enseñanza del Chino co­mo Lengua Extranjera (Hanban) y la Uni­versidad de La Habana en octubre del 2007. El instituto se inaugura en una sede tem­poral en el estadio universitario en no­viembre del 2009 y comienza sus actividades académicas en enero del 2010”, explicó a Granma el director ejecutivo de este programa, Arsenio Alemán.

Alemán aseguró que en apenas cinco años más 3 000 cubanos se han matriculado en los diferentes cursos que ofrece el Instituto, lo cual evidencia el creciente interés popular hacia la lengua originaria de un país que es amigo y socio estratégico de Cuba, y que está llamado a convertirse en la mayor potencia económica mundial en pocos años.

Sobre las particularidades y el impacto de este tipo de academia en las relaciones bilaterales y de China con América Latina y el Caribe, ahondó el profesor a este diario.

—¿Cuándo surgen y cuál es el objetivo de los institutos Confucio en el mundo?

—En el mundo existen 588 institutos similares al de Cuba, 600 aulas o salones pertenecientes a esas instituciones, distribuidos en más de 88 países.
“El proyecto de abrir centros culturales con el nombre del mayor pensador de la historia china, Confucio (551–479 a.C.), surgió en el año 2004, con el apoyo financiero de Hanban, institución que sigue las directrices de un consejo multidisciplinario integrado por importantes funcionarios del Estado y del Gobierno chinos.

“Fuera de China, el nombre de Confucio es un símbolo universalmente reconocido de la cultura de ese país. La evocación de Confucio lleva implícito una referencia obvia a los principios y fundamentos clásicos de la civilización china. Por tanto, al emplear ese nombre para denominar a estos institutos, el mensaje que se está lanzando al mundo es que la mo­dernización de China está más cerca de la rein­terpretación de sus propias tradiciones que de una occidentalización a ultranza.

“Los institutos promueven y enseñan la lengua china mandarín y la cultura del gigante asiático por todo el mundo. Desarrollan cursos de idioma, entrenan profesores, llevan a cabo los exámenes internacionales de chino HSK, YCT, HSKK y BCT y suministran información sobre la China contemporánea. Ade­más, reciben profesores nativos y son una plataforma para promocionar el comercio y la coo­peración económica.

“Los institutos funcionan en colaboración con universidades de los países en los cuales se fundan y, a la vez, cada instituto tiene una uni­versidad china que actúa como contraparte.

“Se desarrollan a un ritmo sin precedentes. Hoy 70 de las 200 universidades mejor ubicadas en el ranking mundial han abierto un instituto Confucio, y cada año se crean alrededor de 50 nuevas sedes. Hanban espera que para el 2020 se hayan establecido otros mil nuevos ins­titutos en el mundo”.

—¿Cómo estos institutos se insertan en América Latina y el Caribe?

—Según el Centro Regional de Institutos Con­fucio para América Latina, existe actualmente un creciente interés por estudiar el idioma chino mandarín en la región.

“Datos de principios del 2015 indican que la matrícula global en los institutos Confucio de La­tinoamérica y el Caribe asciende a alrededor de 50 000 estudiantes. Las actividades culturales y de extensión que desarrollan los ins­ti­tu­tos alcanzan a 150 000 personas.

“México fue el primer país que estableció una sede del Instituto Confucio en esta parte del planeta. Pero luego se fueron sumando Ar­gen­tina, Bahamas, Bolivia, Brasil, Chile, Co­lombia, Cos­ta Rica, Cuba, Ecuador, Jamaica, Pe­rú, Tri­ni­dad y Tobago. En la actualidad existen 33 se­des en la región.

“Ya no es un secreto que Latinoamérica es una prioridad para China. Tras una década en que las visitas de Estado se han sucedido de for­ma ininterrumpida en ambos lados del Pa­cífico y el comercio bilateral se ha disparado, el gigante asiático quiere ahora enfatizar su presencia en el subcontinente y convertirse en un actor determinante en su desarrollo, no solo económico sino también político.

“Fundamental en esa dirección ha sido el fo­­ro entre China y la Comunidad de Estados La­­ti­noamericanos y Caribeños (Celac), que le per­mite a Beijing dialogar con los 33 países del área sin la presencia de Estados Unidos.

“Este foro ha diseñado un plan de cooperación para el periodo 2015-2019, mediante el cual Bei­jing decidió aportar 35 000 millones de dólares para la financiación de proyectos de infraestructura y desarrollo a América Latina y el Ca­ri­be.

“Si bien el comercio bilateral se multiplicó por diez en la última década hasta alcanzar un vo­lumen de 260 000 millones de dólares, lo que había caracterizado el intercambio era que los países de la región exportaban a China ma­terias primas y recursos energéticos e im­portan de China manufacturas.

“Ahora el discurso chino apuesta por establecer relaciones ‘basadas en la igualdad, el be­neficio mutuo y la inclusión’. El presidente Xi Jinping ha dicho que ‘cuánto más se desa­rrolle América Latina, mejor para China’.

“Es previsible que, enmarcado en este am­biente, la necesidad de ampliar la comunicación entre los pueblos de ambas partes se in­cre­­mente. La importancia de los institutos Con­­fucio en ese propósito aflora espontáneamente. La enseñanza de la lengua y de la cultura de Chi­na propiciará no solo adecuados in­ter­lo­cu­to­res sino que a la vez posibilitará a las entidades oficiales, empresas y otras instituciones vin­culadas a estos proyectos de comercio, in­ver­sión e intercambio con China, contar con per­sonal capacitado que domina la lengua y la for­ma de pensar de los chinos”.

—¿Qué caracteriza al instituto cubano? ¿Cómo contribuye al desarrollo de las relaciones entre Cuba y China?

—En la actualidad el instituto Confucio de La Habana —que como decíamos radica en las instalaciones del estadio universitario— ofrece seis cursos correspondientes a los niveles de lengua china para adultos: básico, in­ter­medio y avanzado y cuatro cursos de len­gua china para niños y adolescentes. Cada uno de es­tos cursos tiene un año académico de du­ra­ción.

“La universidad china contraparte del Ins­tituto cubano es la Universidad de Lengua y Cultura de Beijing, una de las más prestigiosas universidades en la enseñanza de esta lengua para extranjeros. Por tanto, el equipo de profesores que llega al archipiélago también es de muy alto nivel.

“Gracias a un esfuerzo de la Oficina del His­­to­riador de La Habana, pronto contaremos con una nueva sede en el propio Barrio Chi­no de la capital. Ello elevará aún más el ni­vel de las clases y en alguna medida ampliará la ca­pacidad de matrícula.

“Actualmente la demanda de solicitudes para estudiar chino excede con creces nuestras capacidades y esto implica que se realice un proceso de selección para cubrir las plazas de que se dispone. El estudiante debe tener aprobado como mínimo el duodécimo grado, y en el caso de los niños demostrar habilidades naturales para el idioma.

“Aún así, en el marco del incremento de las relaciones culturales, comerciales y económicas de Cuba con China, el Instituto Confucio ya ha desempeñado y puede continuar dese­m­peñando un importante papel en el establecimiento de las bases de comunicación ne­ce­sa­rias para llevar adelante los proyectos de desa­rrollo acordados por ambos países y contribuir a estrechar los lazos de amistad y colaboración entre nuestros pueblos.

“En el instituto hoy aprenden la lengua chi­­na directivos, especialistas, técnicos pertenecientes a organismos, empresas e instituciones del Estado que están vinculados de una manera u otra a los proyectos de colaboración de Cu­ba y China.

“El conocimiento de la lengua, de la cultura china, de la forma de pensar de los chinos, contribuirá sin duda alguna a que se logre un mejor nivel de entendimiento entre las partes vinculadas a los proyectos, se posibilite una me­­jor comprensión de las tecnologías que ad­qui­­rimos y de que se le pueda expresar a la parte china las condiciones en que debemos de­sarrollar nuestro trabajo, todo ello de una forma mucho más directa.

“Por otra parte, el Instituto también organiza conferencias, exhibiciones de películas, ex­po­siciones de fotos, caligrafías, dibujos y pinturas infantiles, concursos de conocimientos, jornadas culturales y otras muchas actividades, cuyo impacto ha alcanzado a más de 24 000 personas en estos cinco años”.

Autor: | claudia@granma.cu