Mi Historia con el Instituto Confucio

Creo que mi corta vida tiene dos partes: el “antes” de estudiar chino y el “después” de convertirme en un estudiante del Instituto Confucio.

Esto puede sonar como una declaración vacía, pero espero que puedan creer que esto es lo más sincero que he dicho en mi vida. En este momento, soy estudiante del nivel cinco, y la primera persona en Venezuela que está solicitando la Beca del Instituto Confucio para estudiar una licenciatura en China. Pero hace dos años ser maestra de chino no era mi sueño. A decir verdad, no hubiese ni siquiera sido una opción.

Cuando empecé a estudiar chino, yo solo era una estudiante ordinaria. Admiraba a mis profesores chinos de la Universidad de Changzhou, porque conocer gente trabajadora, responsable y disciplinada no es algo común de encontrar y nunca pensé que yo misma podría actuar de esa forma. Me gustaba la cultura china y sus filósofos, pero no los entendía completamente. No sabía cómo acercarme a China, pero me gustaba el idioma, así que el tiempo que pasé estudiando Chino aumentó gradualmente. Los profesores del instituto tuvieron la paciencia para explicarme las cosas importantes, me mostraron cómo ser responsable al dar el ejemplo, me motivaron a estudiar más, y prestaron atención especial, diciendo que podían sentir mi potencial. Agradezco que me hayan hecho darme cuenta de lo que podía lograr con mi propio trabajo.

El primer día que empecé a estudiar chino, recuerdo que mi profesora me dijo “Si pasas HSK nivel 4, puedes aplicar para la beca”. También recuerdo haber pensado “Es imposible para mí aprobarlo”. La situación en mi país no es un secreto, por lo que el año pasado, la mayoría de los profesores universitarios abandonaron el país y estudiar se hizo más difícil; sabía no iba a poder graduarme normalmente, y como Venezuela es un lugar cada vez más peligroso, mi familia me pidió también dejar el país. Quería estudiar, quería tener un título universitario que me permitiera convertirme en una persona capaz de mejorar mi país, por lo que decidí invertir todo mí tiempo y esfuerzo en estudiar chino. Con poco más de medio año de estudiar en el Instituto, me preparé para realizar un examen destinado a personas que habían estudiado chino por dos años. El HSK 4 era sólo un requisito para solicitar la beca, así que sabía que incluso si aprobaba, no significaba que iba a ir a China. Era una apuesta. Así que cuando obtuve una puntuación alta y aplicar para la beca se convirtió en una posibilidad real, me di cuenta de que fue la mejor elección que he hecho.

No ha sido un camino fácil. Mi amor por mi país no puede hacer que vivir aquí sea más fácil. El mes pasado, cuando fue mi turno de tener una entrevista a través de una video llamada con la Universidad de Estudios Extranjeros de Tianjin como parte del proceso para obtener la beca, mi tío tuvo que acompañarme al costado de la autopista para tener señal telefónica para poder hacer la entrevista porque no había electricidad en todo mi país, pero a pesar de que mis maestros y compañeros de clase vieron esto como algo valiente, en mi opinión solo  fue algo que tenía que hacer para superar ese problema.

No puedo recordar el momento exacto en el que me convertí en asistente los profesores de mi Instituto, y no recuerdo cuando empecé a traducir del Inglés al Español para la Directora Shen, pero recuerdo que fue después de pasar esta prueba que otros estudiantes empezaron a decirme que estaba siendo un ejemplo a seguir. Puedo recordar y apreciar todas las veces que otros estudiantes me veían con admiración cuando asistía a los profesores en distintas clases. Fue entonces cuando me di cuenta de que mi experiencia en el Instituto Confucio no solo me había enseñado a ser disciplinada, a trabajar duro por mis objetivos y a ser persistente, me di cuenta de lo más importante, es que se me dio una responsabilidad.  En mi tiempo libre muchas veces me ofrecía a ayudar aquellos estudiantes que quieren estudiar chino, compartiendo con ellos mi experiencia como estudiante, porque como yo también soy hispanohablante puedo comprender las dificultades que los venezolanos pueden encontrar al estudiar chino. En este país, donde los jóvenes sienten que no es posible tener un buen futuro, superar las dificultades y alcanzar metas no sólo puede inspirar a las personas, sino también darles esperanza. Si puedo ir a China por mis propios méritos, como resultado de mi diligencia y mi actitud, espero poder ayudar a otros jóvenes de mi país a que se den cuenta de que, si trabajan duro, también pueden tener posibilidades y oportunidades de cumplir sus metas.

Me he acostumbrado tanto al excelente ambiente del Instituto, que aquellos días que no estoy ahí me llenan la inquietud, hasta el punto de que no puedo estudiar tan diligentemente en ningún otro lugar. Ir al Instituto Confucio se ha convertido en un hábito que me alegro de tener. Todos los días, ayudo a mis maestros en lo que puedo o entrenando a otros estudiantes chinos. No sería una exageración decir que este lugar se ha convertido en mi cielo mental.

Si no soy un estudiante de Confucio, y si no hubiera aprendido valores importantes de mis maestros chinos y de la cultura china, no sé qué estaría haciendo en este momento. Estoy eternamente agradecida por las oportunidades de aprendizaje y crecimiento que se me han dado. También soy muy afortunada de haber elegido el camino de aprender chino.

Andrea Matheus

Instituto Confucio de la Universidad Bolivariana de Venezuela